Carisma y Espiritualidad

Los Hermanos Descalzos de la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo forman parte de una familia religiosa, que, inserta en el Pueblo de Dios y enriquecida con un carisma propio, cumple una misión peculiar en el Cuerpo místico de Cristo. 

escudo del carmen

El escapulario de la Virgen del Carmen – Origen y Promesas

La Historia del escapulario del Carmen: ¿Qué es el escapulario?


El escapulario debe su nombre a la palabra latina «escápula» (hombros). Es un sacramental, un signo sagrado que confiere efectos espirituales. Originalmente era parte del hábito monástico, pero hoy es un «pequeño escapulario» que consiste en dos trozos de tela unidos por cordones, que simboliza el hábito de las carmelitas. Se impone una única vez por un sacerdote.

carisma
Origen del culto a la Virgen del Carmen

La Orden de los Carmelitas nació en el Monte Carmelo, en Palestina, un lugar de tradición bíblica. El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a San Simón Stock, superior general de la Orden, y le entregó el escapulario. Le prometió: “Quien muriere con él, no padecerá el fuego eterno”.

monte carmelo

Promesa

En 1251, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, se apareció a San Simón Stock, General de los Carmelitas, con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: «Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno»; es decir, quien muera con él, se salvará.

El Escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, según el Concilio Vaticano II, un signo sagrado. El distintivo externo de esta inscripción o consagración es el pequeño escapulario marrón.

Valor y Sentido

Llevar el escapulario es un signo de pertenencia a la Orden del Carmen y un compromiso a vivir su espiritualidad. Implica llevar una vida virtuosa, imitando a la Santísima Virgen, y esforzarse por seguir las enseñanzas de Cristo. Es un memorial de las virtudes de María y un recordatorio de nuestra obligación de ser portadores del mensaje del Salvador.

La Promesa del Escapulario – Privilegio Sabatino

El escapulario no solo conlleva la promesa de salvación, sino también el llamado «privilegio sabatino». La tradición carmelitana, de índole mariana y bíblica, se inspira en la vida de la Virgen María y en el profeta Elías. Esta forma de vida se rige por la regla de San Alberto de Jerusalén, cuyas prescripciones son:

1

Vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y buena conciencia, esperando de solo Él la salvación.

2

Meditar continuamente la ley del Señor, cultivando la lectura divina y fortaleciendo el alma con pensamientos santos, a fin de que la Palabra de Dios nos pueble los labios y el corazón con toda su riqueza y todo se realice por la misma palabra del Señor.

3

Celebrar en común la sagrada liturgia.

4

Ponernos las armas que Dios nos da, vivir con mayor hondura la fe, la esperanza y la caridad.

5

Renovar la comunión con la fraterna solicitud por la observancia comunitaria, con la comunicación de todos los bienes.

6

Cultivar la oración asidua en un ambiente de soledad, silencio y vigilancia evangélica.

7

Proceder en todo, pero especialmente en las obras supererogatorias, con la discreción, ya que ella regula la práctica de la virtud.

Este proyecto renovador adquirió un objetivo apostólico al ver Santa Teresa la dolorosa división de la Iglesia. Por ello, la oración y la vida de la comunidad se ordenan a su servicio, como una forma de ayudar a los defensores de la fe.

La santa Madre dotó a su obra de un estilo de vida particular: fomenta las virtudes humanas, la alegría fraterna y el estudio, todo ello en un ambiente de familia. Con un corazón ardiendo por las necesidades de la Iglesia, Teresa llamó a sus hermanas a no gastar tiempo en asuntos de poca importancia, sino a dedicarse enteramente a la oración para ayudar a Cristo, ya que «el mundo se está ardiendo».

carisma teresiano
Relación entre Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz
san juan de la cruz

Santa Teresa de Jesús consideró a Fray Juan como el «padre de su alma» y su director espiritual. Por su parte, él la reconoció como la iniciadora del Carmelo renovado. Juntos, impulsaron un nuevo estilo de vida para toda la Orden, tanto la rama masculina como la femenina, sentando los «nuevos cimientos de la Orden».

El carisma de San Juan de la Cruz se centra en la enseñanza de que Dios, al darnos a su Hijo, nos lo ha hablado «todo de una vez» en esta sola Palabra. Por lo tanto, con la fe ya fundada en Cristo y en la Ley evangélica, no es necesario buscar revelaciones o visiones adicionales. La espiritualidad se basa por completo en Cristo, que es el «Todo».

Vida Contemplativa

Debemos reconocer que no es de hecho simple vivir una vida contemplativa, y todavía menos en nuestros tiempos. No podemos dar por descontado que somos capaces de hacerlo, es más, diría casi lo contrario: el dato de partida es que no somos capaces de hacerlo.

Si nos limitásemos a reconocer esto, estaríamos en un buen punto de nuestro camino ¿Por qué no es fácil ser contemplativos? Porque no se trata simplemente de observar un horario de oración, sino de afrontar un camino de transformación de la persona, que es largo, lento y a veces supone un crucificarse.

Si faltan la paciencia de esperar, la libertad de cambiar y el valor de renunciar a un estilo de vida cuyo objetivo es la búsqueda de nuestro confort personal, no vale la pena ni siquiera comenzar.

Elementos primordiales de nuestra vocación

1. Abrazamos la vida religiosa “en obsequio de Jesucristo”, apoyándonos en el común destino, la imitación y el patrocinio de la Virgen María.

2. Nuestra vocación es fundamentalmente una gracia, que nos impulsa, en una comunión fraterna de vida, a la misteriosa unión con Dios.

3. Estamos llamados a la oración, que, alimentada con la escucha de la Palabra de Dios y la liturgia, nos conduce al trato de amistad con Dios, no solo cuando oramos, sino cuando vivimos.

4. Pertenece al mismo ser de nuestro carisma penetrar de celo apostólico la oración y toda la vida consagrada.

5. Desde nuestra vida de oración y contemplación colocar al servicio de la Iglesia nuestro apostolado.

6. Desde nuestra vida de oración y contemplación colocar al servicio de la Iglesia nuestro apostolado.

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